Rodney frunció sus finos y pálidos labios con fuerza y admitió que él era despreciable.
Sin embargo, no podía mentirse a sí mismo. Extrañaba mucho esos tiempos en los que estaba enamorado de Freya.
“Dios mío”. Wendy respiró profundamente. “¿Por qué di a luz a un hijo tan desvergonzado y egoísta? ¿Crees que no nos importa nuestra dignidad porque somos viejos?”.
Sorprendido, Rodney dijo incómodamente: “Mamá, ¿no le tienes mucho cariño a Freya como nuera? Yo…”.
“Si le tengo cariño, pero ¿por