Me quedé completamente estática en mitad de la acera. Las lágrimas continuaban resbalando por mis mejillas, pero esta vez no nacían de la angustia, sino de una emoción tan pura que me oprimía el pecho. Era una escena que jamás, ni en mis sueños más salvajes, imaginé que me ocurriría a mí. Ver que alguien se tomara el tiempo y el esfuerzo de montar un espectáculo de amor tan perfecto y abrumador solo para ganarse mi corazón me parecía irreal.
Frente a él, con el nudo de la emoción apretándome la