Todo el mundo tiene secretos. La única cuestión es encontrar donde están.
Stieg Larsson
Cuando Theresa bajó a la fiesta se encontró con el salón de baile repleto de personas, se abrió paso a través de la muchedumbre y entró al enorme salón de baile. Estaba brillantemente iluminado por altos cirios de cera y el centelleo de las urnas de plata repletas de rosas de alabastro, cuyo suave aroma se mezclaba con el denso perfume usado por las damas. Aquel baile era una de las grandes celebraciones de