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Un hombre llegó a saludarlos y Marissa se quedó un poco asombrada al verlo. Era alto, unos centímetros más que David, de cabellos oscuros, ojos claros y tez canela; una barba poblada y cerrada que le quedaba perfecta. ¿Qué le ponían al agua de este barrio? Se preguntó.

—Creí que ya no llegabas –dijo el hombre sonriendo y dirigiéndose a David, y Marissa elevó ambas cejas cuando la miró a ella

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