No puedo, por más que quiero no puedo correr...
Mis piernas simplemente no me dan para más.
El miedo, la angustia se unen con mis latidos fuertes en mis oídos impidiéndome pensar con claridad.
Quiero alcanzar alguna casa para poder tocar la puerta y explicarles mi situación.
Enseñarles mis heridas y pedirles que llamen a la policía y a los paramédicos para que me atiendan.
Mi poca adrenalina me impulsa a seguir adelante.
Justo cuando ya estoy por tocar la puerta de la casa mas cercana escucho que alguien corre a mis espaldas.
Volteo temerosa y lista para la paliza que me espera pero a quien asombrosamente encuentro es a mi amiga, la enfermerita.
"Princesita, rápido, pude dejarlo noqueado, vamos, andando!"
"Su auto está encendido, se manejarlo, huyamos!"
Resoplo aliviada de que sea ella la que ahora me toma de la mano y me guíe hasta el auto.
Pruebo la belleza dulce de la esperanza, una esperanza largamente acariciada de ser libre por fin.
Caminamos lo más rápido que puedo mientras me