Tras la boda de cierta diva con su actual esposo espía, las cosas en la mansión habían regresado a la normalidad habitual, la cual no era exactamente un ambiente tranquilo y silencioso, aunque era muy cálido y alegre ya que a cada determinado tiempo se podía escuchar las risas de los pequeños dueños del hogar, quienes recorrían la casa haciendo alguna travesura o jugando con su fiel mascota.
Justo en esos momentos el dueño de la casa se encontraba en su oficina como era su costumbre aprisionado