capítulo 5

Edward se encontraba sentado en la punta de la cama. A pesar de que les había Ilevado un poco más de lo esperado encontrar un motel donde ambos estuvieran de acuerdo en pasar la noche, ahora se sentía un poco nervioso. Removió las manos mientras su sonrisa denotaba su inquietud. Estaba notablemente ansioso, sobre todo después de que aquella mujer le dijera que esperara. Ella se había ido al baño y ya llevaba mucho tiempo. ¿Será que se arrepintió? pensó, mientras soltaba un suspiro.

Marie se miró atentamente en el espejo vio como este reflejaba su aspecto al desliñada-estas borrachas-señalo en el espejo mientras se soltaba la cola de cabello que tenía, para luego meter sus manos en su cuero cabelludo y masajearlo un poco , sabía que esta era una decisión importante, pero sentía la misma emoción como si fuera enfrentar algunas negociones y no era nervio más bien era ansiedad y la emoción de la espera.

Se quitó la ropa, para revisar si todo estaba bien, pero ante enjuagó la boca como mil veces para quitar el aliento de cerveza. Pero sabía que sería difícil teniendo en cuenta su estado, así que solo se encogió de hombros. Él también tendría aquel aliento, ya que ambos tomaron así que para que darse mala vida.

Siempre fue una chica a la que le gustaba llevar ropa interior de calidad, especialmente cuando usaba medias. Observó su liguero negro que sujetaba la media de color piel, la cual realzaba la belleza de sus piernas. -Maldición--, exclamó cuando se dio cuenta de que no se había depilado. Siendo virgen, nunca había considerado importante ese detalle de su cuerpo. Había pospuesto la cita de la semana pasada. Miró la zona y notó que los vellos no estaban muy largos, solo estaban en las primeras etapas de crecimiento, pero aun así eran visibles.

--Nada puede ser perfecto en esta vida--, murmuró con frustración.

Con gran pesar, se asomó por la puerta del baño y vio al hombre sentado en la cama con las manos entrelazadas. --Tenemos un problema-- dijo y Edward, giró la cabeza al escuchar su voz.

--No te preocupes, entiendo que una mujer como tú no quiera estar conmigo-- declaró Edward mientras se ponía de pie. Fue un bonito sueño mientras duró.

--No, no es que me haya arrepentido - Marie quiso aclarar el tema, ya que no quería que él pensara que no era una mujer de palabra.

--Entonces, ¿qué es? - preguntó Edward confundido, ya que no veía otra explicación.

Marie infló su mejilla y luego hizo una mueca con su labio, ya que le resultaba incómoda esta situación. - Me da un poco de vergüenza - dijo sinceramente. Edward frunció el ceño, ya que durante toda la noche habían hablado con total sinceridad.

--No debes tener vergüenza, como te dije no somos dos desconocidos -- dijo Edward actuando naturalmente.

Marie miró. Era la primera vez que estaba tan cerca de un miembro --Yo no veo ningún problema--dijo mientras se mordía el labio. Luego sintió cómo él la cargo, lo cual hizo que automáticamente entrelazara su pierna en su cintura--Siempre tuve la fantasía de ver a una mujer en ropa interior viniendo hacia mí-- Este comentario hizo que ella detuviera su beso.

--Hoy se cumplirán nuestras fantasías--, dijo ella mientras se separaba de él y con su mano derecha, le dio un pequeño empujón, lo que ocasionó que él cayera en la cama. Ella lo miró detenidamente mientras lentamente se desabotonaba su camisa. Comenzó a moverse lentamente, pero la mirada que el hombre le lanzaba podría elevar el ego de cualquier mujer. La miraba como si fuera algo exquisito, pero también estaba la promesa de lo prohibido. Sabía que todo esto lo causaba la cerveza, ya que en otra circunstancia ella no hubiera tenido el valor de desnudarse frente a él.

Marie destiló confianza al despojarse de su blusa y avanzar hacia él, como una flor que se abre ante el sol. En la cama, se elevó con gracia, sus ojos se fusionaron en un encuentro íntimo. --He cumplido tu expectativas--, susurró mientras se acurrucaba en su regazo. Sus manos danzaron sobre su piel, como mariposas que exploran nuevos territorios, y sus labios se entrelazaron en un beso apasionado, desatando un torrente de emociones ardientes.

Cada pausa entre los besos era un sorbo de néctar compartido, una sinfonía de sensaciones que resonaba en cada rincón de su ser. Su lengua se lanzó como una Ilama voraz en busca de más pasión, mientras él la guiaba con determinación, como un navegante experto en aguas desconocidas. La piel se empapó con cada mordisco y caricia en el cuello, como la Iluvia que acaricia la tierra sedienta. Se dejaron llevar por la corriente apasionada, como dos almas que se funden en un abrazo eterno.

Marie tembló como una hoja acariciada por la brisa al sentir su boca en su pierna. Las medias se deslizaron como serpientes seductoras, y ella se entregó a la caricia como una obra de arte admirada por el artista. Él exploró, saboreó y encendió su pasión como un chef maestro creando una obra maestra culinaria.

Después de momentos intensos, él la contempló con deseo, sus ojos reflejaban el fuego que ardía en su interior, como estrellas titilantes en la noche oscura. Con su consentimiento, se aventuraron más allá de los límites establecidos, como dos exploradores valientes adentrándose en un territorio desconocido.

Con movimientos audaces, Edward la llevó al clímax una y otra vez, como un músico virtuoso tocando una sinfonía de sensaciones. Su deseo mutuo los envolvió como un vórtice ardiente, entregándose completamente al torbellino de emociones. El éxtasis los unió en un abrazo apasionado, como dos almas fusionadas en un abrazo eterno, mientras se perdían en la vorágine intensa del momento.

Marie abrió los ojos con el rayo de luz que le dio directamente en su ojo izquierdo. Sentía como su cuerpo le dolía en los lugares correctos a pesar de lo ebria que estuvo en la noche anterior. Recordó todo lo que compartió con aquel extraño y lo cierto es que no se arrepentía de nada.

Estiró lentamente sus piernas para luego levantarse lentamente de la cama. Miró a su lado izquierdo y lo vio acostado. No podía negar que perder su virginidad con este hombre era un buen recuerdo. Se inclinó y le regaló un beso fugaz antes de dirigirse al baño.

Una vez estando ahí, cerró los ojos y dejó que el agua caliente relajara cada uno de sus músculos, pero no pudo evitar pensar en todo lo que había hecho en su vida hasta ahora y cómo el éxito de hoy la obligó a perder de grandes recuerdos de su juventud. En la escuela nunca tuvo un amor de adolescente por el cual luchar, llorar y enfrentarse a sus padres. Siempre pensó que Donattiu sería su futuro esposo y padre de sus hijos, aunque a él nunca le gustó la idea de ser padre.

Pensándolo bien, ella tenía la ilusión de tener un niño o una niña. Siempre pensó que trabajar y dejar todo el dinero al gobierno era tonto; al menos debía tener un heredero o heredera que disfrutara lo que ella no pudo debido a sus auto exigencias.

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