Mundo ficciónIniciar sesiónMarie destiló confianza al despojarse de su blusa y avanzar hacia él, como una flor que se abre ante el sol. En la cama, se elevó con gracia, sus ojos se fusionaron en un encuentro íntimo. --He cumplido tu expectativas--, susurró mientras se acurrucaba en su regazo. Sus manos danzaron sobre su piel, como mariposas que exploran nuevos territorios, y sus labios se entrelazaron en un beso apasionado, desatando un torrente de emociones ardientes.
Cada pausa entre los besos era un sorbo de néctar compartido, una sinfonía de sensaciones que resonaba en cada rincón de su ser. Su lengua se lanzó como una Ilama voraz en busca de más pasión, mientras él la guiaba con determinación, como un navegante experto en aguas desconocidas. La piel se empapó con cada mordisco y caricia en el cuello, como la Iluvia que acaricia la tierra sedienta. Se dejaron llevar por la corriente apasionada, como dos almas que se funden en un abrazo eterno. Marie tembló como una hoja acariciada por la brisa al sentir su boca en su pierna. Las medias se deslizaron como serpientes seductoras, y ella se entregó a la caricia como una obra de arte admirada por el artista. Él exploró, saboreó y encendió su pasión como un chef maestro creando una obra maestra culinaria. Después de momentos intensos, él la contempló con deseo, sus ojos reflejaban el fuego que ardía en su interior, como estrellas titilantes en la noche oscura. Con su consentimiento, se aventuraron más allá de los límites establecidos, como dos exploradores valientes adentrándose en un territorio desconocido. Con movimientos audaces, Edward la llevó al clímax una y otra vez, como un músico virtuoso tocando una sinfonía de sensaciones. Su deseo mutuo los envolvió como un vórtice ardiente, entregándose completamente al torbellino de emociones. El éxtasis los unió en un abrazo apasionado, como dos almas fusionadas en un abrazo eterno, mientras se perdían en la vorágine intensa del momento. Marie abrió los ojos con el rayo de luz que le dio directamente en su ojo izquierdo. Sentía como su cuerpo le dolía en los lugares correctos a pesar de lo ebria que estuvo en la noche anterior. Recordó todo lo que compartió con aquel extraño y lo cierto es que no se arrepentía de nada. Estiró lentamente sus piernas para luego levantarse lentamente de la cama. Miró a su lado izquierdo y lo vio acostado. No podía negar que perder su virginidad con este hombre era un buen recuerdo. Se inclinó y le regaló un beso fugaz antes de dirigirse al baño. Una vez estando ahí, cerró los ojos y dejó que el agua caliente relajara cada uno de sus músculos, pero no pudo evitar pensar en todo lo que había hecho en su vida hasta ahora y cómo el éxito de hoy la obligó a perder de grandes recuerdos de su juventud. En la escuela nunca tuvo un amor de adolescente por el cual luchar, llorar y enfrentarse a sus padres. Siempre pensó que Donattiu sería su futuro esposo y padre de sus hijos, aunque a él nunca le gustó la idea de ser padre. Pensándolo bien, ella tenía la ilusión de tener un niño o una niña. Siempre pensó que trabajar y dejar todo el dinero al gobierno era tonto; al menos debía tener un heredero o heredera que disfrutara lo que ella no pudo debido a sus auto exigencias. --¿Me dirás tu nombre? -esto hizo que ella levantara su cabeza. -Sabes en lo que habíamos quedado. --Sí, pero siento que nos entendemos -ella no quería admitirlo, pero había sentido una fuerte conexión con él. Sin embargo el miedo la invadía , recordando lo que pasó la última vez cuando ella comenzó a confiar en alguien. --No quiero arruinar este sueño. Cuando tenga un día difícil, quiero cerrar mis ojos y recordar cómo un extraño me defendió de aquel hombre, cómo bebimos y hablamos de todo, pero al mismo tiempo de nada, y cómo dejamos atrás nuestros problemas. Además, cómo bailamos con la radio y cómo me hiciste vivir una noche mágica. Edward sonrió al escuchar eso, sabía que el la recordaría con frecuencia y que sería su único recuerdo feliz al lado de una mujer. --Podemos seguir creando recuerdos -dijo él con terquedad. --Soy odiosa y terca, sé que lo arruinaría él sintió cómo ella se recostaba en él. el la comenzó a besar , ella inundada en sus besos y caricias no pudo alejarse de el , y terminaron haciendo el amor por segunda vez . Marie se encontraba en el auto, aún tenía la mirada puesta en el motel. Era como si su ser le dijera que no debía irse. Soltó un fuerte suspiro, amo aquel hermoso sueño mientras duró, pero tenía que volver a la realidad y eso significaba enfrentarse a los medios, así como a su familia por el desplante de su ex prometido. Con la mirada buscó en la parte de atrás del auto donde había tirado el celular cuando vio que su madre la llamaba insistentemente. Una vez que lo tomó, volvió a poner su mirada al frente. Una sonrisa se posó en sus labios cuando vio a aquel desconocido salir del motel. Encendió el auto y lo puso en movimiento lento al pasar cerca de él. Asomó su cabeza por la ventana de la puerta del lado del pasajero. -¿Estás seguro de que no quieres que te lleve? -vio cómo él se sacudía el polvo y al escuchar su voz se sorprendió. -Pensé que ya te habías ido -le regaló una sonrisa contagiosa y nerviosa. --No, estaba buscando mi celular ---dijo mientras mostraba el celular encontrado con sus manos. ¿Te llevo a algún lugar más tranquilo para que te puedas ubicar o te llevo al bar? -volvió a insistir. A Edwars le gustó la calidez con la que ella se dirigía a él, pero ya había llamado a su primo para que lo recogiera. --No te preocupes, ya vendrá alguien por mí. Por un momento, me ilusioné pensando que querías un último encuentro de despedida -no sabía por qué aquella mujer le daba esa seguridad de ser sincero con ella. --¡Qué hombre tan insaciable! Tendré que ir al hospital por tu culpa--Marie estaba disfrutando las bromas hasta que vio cómo él cambió su semblante, pasando de estar dándole una sonrisa pícara a una de pánico -. -- Lo siento, no quise hacerte daño. ¿Te llevo al hospital? --ella abrió los ojos cuando lo escuchó, había notado ese pequeño defecto pero no lo había tomado mucho en cuenta .






