Capitulo XXXVII

Cuando Falcón regresa a la habitación me encuentra hecha un mar de lágrimas. Soy un completo desastre tembloroso. De inmediato se da cuenta del aparato en mi mano y corre a abrazarme.

Me dejo hacer, no tengo fuerzas para nada, no puedo parar de llorar.

—¡Todo ha sido por mi culpa! —grito enfurecida—Ella debía estar a salvo, se suponía que estuviera a salvo, lejos de toda esta mierda…

—No es tu culpa V

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