27. Helena

—¿La niña?—preguntó el hombre sin aliento prácticamente, por su estado era fácil de adivinar que había venido hasta la mansión corriendo, detrás de él un chorro de sangre y miseria. La tormenta lanzó un rayo que iluminó el gris y oscuro paisaje. No era un día precisamente alegre.

El ama de llaves lo miró sin entender, poco después cambió su expresión a una horroriza
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