Sofía golpeó el suelo con fuerza, la cabeza le daba vueltas.
Por un momento, todo se difuminó mientras luchaba por estabilizar su respiración.
—¿Te atreves a faltarme el respeto, mocosa insolente? —la voz de Henny temblaba de rabia—. ¡Conoce tu lugar! Si quieres mi perdón, ponte de rodillas y lame mis zapatos.
Sofía saboreó la sangre en sus labios, el sabor metálico afinando sus sentidos. Su visión se aclaró, y una llama se encendió en su interior.
—Ya es suficiente —se susurró con fiereza, la d