—Bastardo —dijo Álex, voz aguda como navaja y mortalmente calmada.
—Tienes exactamente cinco segundos para liberarla. Si no lo haces, ninguno de ustedes bastardos va a salir vivo de aquí.
La habitación erupcionó en un instante—risa y burla barrieron a través del equipo de Hugh Jones como fuego de hierba, ruidosa y viciosa.
—¿Quién demonios se cree que es este tonto? ¿Amenazando a Hugh Jones? ¡Tiene deseos de muerte!
—¡Ponte de rodillas si valoras tu vida, niño!
—¡Este mocoso tiene nervio!
Murmul