— ¿Crees que sería tan tonta como para meter a mi propio nieto en la cárcel y además arruinar la imagen de la empresa? — se burló, con el dedo apuntando a mi pecho. — No soy tonta, a diferencia de ti. — Presionó el dedo contra mi pecho con fuerza. — Tengo mis dudas de si, en realidad, no fuiste tú mismo quien hizo eso.
Aspiré el aire con fuerza, mirando sus ojos iracundos.
— Nunca sería capaz de hacer algo así, Olivia — respondí, con la voz firme. — Tú, en cambio, estoy seguro de que sí. Pero t