Dominic Scott
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Tamborileaba un bolígrafo entre los dedos, pero mi mente estaba a kilómetros de distancia. En esa sala de reuniones, rodeado de consejeros y accionistas, era el centro de atención — y no de una manera buena. Ninguno de ellos estaba satisfecho con la situación de la empresa. O mejor dicho, estaban irritados con la imagen que yo proyectaba al mundo exterior, como si pudiera controlar lo que la gente decía sobre mí. No importaba cuántas entrevistas diera a la prensa — la gente cr