— Stella — dijo, con la voz ronca, cargada de dolor —, te juro que no le hice nada. Te lo juro.
— Sé que no lo hiciste — respondí, sintiendo las lágrimas amenazar. — Serías incapaz de hacer algo así. Todo va a salir bien, amor. Sofía y Lara ya están aquí, van a hacer todo para sacarte de aquí. Y yo también.
— Gracias, linda — murmuró, con un brillo de gratitud en los ojos. — Perdona que pregunte, ¿tienes alguna noticia de Samira? Estaba tan mal... sangrando tanto...
— No sé nada todavía — admit