14. Ojos Traviesos
No me doy cuenta, o es que ando muy distraída, cuando estamos en un aparcamiento subterráneo. Se estaciona, le quita el seguro a la portezuela y me deshago del cinturón, al fin puedo bajar. Sobre el parquet duro, el asombro radica en mis ojos, miro apantallada a mi alrededor. Él, llega a mi lado y alardea ser el dueño de cada auto, de cada máquina potente, deportivos y convertibles lujosos que se le parece a la colección de un niño, pero a tamaño real. Al rato me suelto del desconcierto, y ya é