99. Desayuno en la cama.
~Rowan~
Hacía un frío insoportable. Era casi medianoche y aún no pegaba un párpado. Me dolía la espalda de una forma terrible; jamás en mi vida me había tocado dormir en el suelo, pero prefería mil veces este suplicio que pasar la noche lejos de Ivette, en otra habitación.
Solo bastaron unas cuantas noches durmiendo juntos, enredados el uno con el otro, para convertirme en un adicto a sus brazos. No quería despegarme de ella nunca más.
«¿Estás enamorado?». La pregunta de mi padre regresó