127. Estás enferma.
~Ivette~
El mareo era insoportable. A pesar de estar acostada, sentía que todo me daba vueltas; no había comido casi nada en esos días, pero las ganas de vomitar me revolvían el estómago. No sabía qué pretendían que expulsara en el inodoro si lo tenía vacío.
Escuché el leve crujir de la puerta al abrirse. No me molesté en voltear; supuse que era Flor de nuevo, trayendo la segunda comida del día. No tenía ánimos para moverme, mucho menos para fingir que iba a probar nada.
—Ivette.
Esa voz no e