15. Visita
~Rowan~
Ya me ardían los oídos de tanto escuchar los gritos histéricos de mi madre. No había parado de despotricar contra la lavandera y contra mi abuelo, quien, como era de esperarse, la había mandado directo al diablo por teléfono.
La dejé sola en el salón, mientras intentaba localizar a mi padre para contarle las «barbaries» que estaban ocurriendo en la mansión, y subí a mi habitación arrastrando un cansancio insoportable. Al entrar, las criadas que terminaban de desempacar mi equipaje salie