Capítulo ochenta y cuatro
Ambos saludaron efusivamente a la madre de Abdel, quien en el transcurso de la seremonia tenía una suave y alegre sonrisa por el nuevo descubrimiento que había sido encontrado por la pelinegra, claramente estaba encantada con eso y que fuera en un día tan especial como aquel, donde su hijo y una mujer agradable como la ojiverde celebraban la ceremonia, la ponía sumamente feliz, permitiendole a su hijo irse mas temprano alegando que faltaba poco para que la fiesta acabase y nadie se daria cuenta