Aquel minúsculo recuerdo casi perdido en el océano catastrófico de lo que era su mente apareció delante de ella, era tan simple y maravilloso por igual, algo casi irreal. El agua recorría con suavidad sus dedos, dejando que sus componentes salados rasparan su piel y limpiaban las impurezas que naturalmente tenía; las plantas de sus pies se hundían en la arena húmeda que poco a poco el mar turbio se encargaba de tomar granito por granito arrastrando ese conjunto de piedras centenarias reducidas