Al día siguiente
Las energías de ambos estaban renovadas, David aún sentía que algo no encajaba en la muerte de su padre, sabía cuánto amaba su madre a Vicente y que no apreciada en su muerte, no lo convencía del todo; él estaba seguro de que a ella no le importaría morir por verlo una última vez, su amor era eterno, tanto que lo seguía a todos lados sin importar el peligro.
Éster por su parte había amanecido ordenando la mansión, poniendo reglas, su primera tarea era revisar cada parte del