Alison entró en la oficina, nerviosa, con una expresión más tensa de lo habitual. Zane la observó desde su asiento, notando inmediatamente cómo su mirada se desvió rápidamente hacia los restos del vaso roto que ya había recogido. Había algo en sus gestos, en su postura, que denotaba incomodidad. Algo más allá del simple hecho de estar frente a él.
—Zane, ¿puedo hablar contigo un momento? —preguntó, su voz ligeramente titubeante.
Él asintió, indicándole que tomara asiento frente a su escritorio.