La pequeña sala de Alison estaba bañada por una luz suave, el único testigo del torbellino de emociones que giraban en su interior. Se sentó en el suelo, junto a Jessica, alrededor de la mesita del centro, que ahora sostenía las cervezas y la bolsa de comida coreana que su amiga había traído. Había un silencio momentáneo, que se rompió por el sonido de las latas abriéndose, el chasquido que parecía el preludio de la conversación inevitable que sabía que vendría.
Jessica no tardó mucho en alzar u