El lunes siguiente, Alison revisaba los archivos del casino con ojos cansados, luchando por encontrar la conexión que necesitaba. Había pasado días sumergida en ese caso, y aunque amaba su trabajo, a veces la presión era abrumadora. La firma tenía grandes expectativas puestas en ella, y no podía permitirse fallar.
Estaba analizando una vez más las ultimas hojas impresas, cuando Hillary se acercó a su escritorio, dejándole un café humeante sobre la pila de documentos.
—Gracias —susurró Alison, ac