Entonces aplaudieron hasta verlo acercarse a las escaleras, pero algo sin duda lo dejó helado.
-El trabajo en realidad es obra tuya, solo fui una cómplice en tus planes- Escuchó a Ann hablar.
Sus ojos se conmovieron al verla ahí de manera hechizante y segura. No tenía la menor duda, ese era su lugar, seguía avergonzada de lo que tuvo que presenciar, pero no podía solo dejar pasar lo que el hombre estaba haciendo por ella.
Con mucha gracia sonrió y tomó su mano antes de caminar entre todos los