La abuela había logrado que su hija cediera a sus impulsos de ir a ver que sucedía, odiaba la situación, era algo fuera de toda proporción que un hermano agrediera a otro.
Ella esperaba que hubiera enfrentamiento, pero no que lloviera sangre, no en su familia, menos en su casa, esto era algo nuevo que no le dejaría pasar, ya se encontraba pensando que castigo ameritaba su salvaje actitud.
No podía culpar a la pelinegra mujer, a pesar de lo altanera que ella pudiera parecer no lucia como una cua