Fueron unas gotas gruesas e inesperadas las que la despertaron, no recordaba que había sucedido antes de caer dormida, pero aquí estaba, sentada bajo un árbol con el cuerpo adolorido.
Haber dormido afuera bajo una palmera no fue lo que la sorprendió, fue el hombre que aun la sostenía con mucho amor, la abrazaba con fuerza aun estando profundamente dormido. El calor que la envolvía proveniente de él era tranquilizador y se sentía protegida
Su respiración era profunda y chocaba contra su piel de