Victoria se sentó en el porche de la casa de sus padres.
Era de noche.
El silencio era casi absoluto, interrumpido únicamente por el canto de los grillos y el croar lejano de las ranas. Una brisa tibia movía lentamente la mecedora donde estaba sentada.
Apoyó los codos sobre las rodillas y entrelazó las manos.
Comenzó a pensar en lo que había dicho su padre.
¿Sería cierto que el dinero había cambiado a Ethan?
En apenas unas semanas, Ethan se las había arreglado para destruir lo que ella siempre