Kate había insistido tanto que al final Victoria aceptó.
Le prestaría uno de sus vehículos y le dejaría dinero para el combustible.
—Considéralo una inversión en tu salud mental —dijo Kate, dejándole las llaves sobre la mesa de la cocina—. Necesito que regreses viva de Louisiana.
Victoria sonrió apenas.
— Asi me gusta.
En el fondo Kate intentaba facilitarle el viaje.
No solo porque había perdido el acceso a sus tarjetas.
También porque conocía perfectamente a la familia Hayes.
Cuadriculados.
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