Elara entró en la pequeña sala de estar mientras aún se recogía el cabello y se detuvo al verlos.
Victor ya estaba sentado a la mesa con Hellen y Mark, una taza de algo caliente entre las manos, viéndose —registró ella con un silencioso alivio— como él mismo otra vez. El color había vuelto a su rostro. Respiraba con normalidad. Asentía a algo que Hellen decía con la atención relajada de alguien que había dormido bien y despertado renovado.
Ella sonrió antes de poder evitarlo. Apenas un poco. Lo