29. Era una lección
En el camino de regreso al pent-house del señor Koch, Samantha se fue preparando, su mente conjuro posibles escenarios y las formas en que ella debería abordarlos, de presentarse.
El chofer no la pierde de vista y va con ella hasta verla entrar al departamento, Adele quien abre la puerta y la recibe, la ve con compasión.
—¿Y las niñas? —es lo que más le interesa en aquel momento a Sam.
—Ellas están bien, ha sido difícil, Florence ha llorado mucho y Harper no quiere comer.
Samantha tiene lágrima