Escuchar que Gregory volvía a llamarla “mi amor” fue lo único que Chiara necesito para terminar de romperse del mismo modo que se rompe la tensión de la cuerda de una guitarra, el placer que la inundó la hizo casi gritar el nombre de su prometido quien no solo seguía empujando hacia su interior si no alargando su placer al seguir masturbandola — ¡Ahhh… por dios, Gregory!
Su cuerpo se tensó solo un instante antes de liberarse, en un orgasmo arrollador que se expandió a través de todo su cuerpo,