Levi deslizó la tarjeta de acceso por la barra, el plástico rozando la madera pulida. Sus ojos eran oscuros. Inexpresivos. Fijos en el desconocido.
"Habitación 304. Mi esposa está arriba. Desnuda, empapada y con los ojos vendados. No tiene ni idea de quién está a punto de entrar por esa puerta."
Sebastián, una montaña de músculos y tatuajes, permaneció inmóvil. Dio un trago lento a su cerveza.
"¿Y tú?"
"Estaré en el armario. A ella le excita el miedo, la incertidumbre de no saber si es su marid