Lo peor no es que los odie. Es que me sé de memoria cada maldito detalle de sus caras.
Conozco la cicatriz en la ceja de Ryder y la sonrisa torcida de River. Reconozco la ira furiosa de Ryder y las motas verdes en los ojos de River cuando ríe. Conozco sus rostros mejor que el mío.
En ese momento, la caseta para botes olía a madera húmeda y a veranos olvidados.
Vine aquí para escapar de ellos; tres meses fingiendo que mis hermanastros no me aceleraban el pulso en las cenas, tres meses odiándome