Capítulo 24. El beso de la reina
Una larga caravana conformada por vehículos, camionetas y motonetas cruzó la avenida principal de la ciudad. Y, encima de una tarima con ruedas, se encontraba el capitán Oro completamente atado por un pilar. La gente, al verlo, comenzaron a abuchearlo y lanzarle piedras, pero los guardias reales contuvieron a los espectadores para evitar que se abalanzasen sobre el pirata.
- ¡Que la reina lo mande degollar!
- ¡Maldito pirata! ¡Salvaje!
- ¡Que se pudra en el infierno!
El rey Zuberi, que encabeza