La sirena de alarma seguía sonando por todo el hospital.
Su estridente sonido resonaba por los pasillos mientras las luces principales se apagaban una tras otra. Las luces de emergencia tomaron el relevo, bañando el lugar con un inquietante resplandor rojo.
Los guardias de la familia Robio reaccionaron de inmediato. En un instante, todos desenfundaron sus armas.
—¡Aseguren todas las salidas! —ordenó Ben con voz firme.
Sin hacer preguntas, los hombres se dispersaron en distintas direcciones.
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