AMELIA
Evité la cocina el resto del día como si fuera radiactiva.
Me escondí en el gimnasio, luego en el spa, después en la biblioteca con un libro que no leí. Cada vez que cerraba los ojos sentía los dedos de Ethan dentro de mí, escuchaba ese “mi chica” en voz baja junto a mi oído. Mi cuerpo vibraba con ello, una sensación constante que hacía imposible concentrarme.
Al caer la tarde, el cielo volvió a tornarse gris, amenazando con otra tormenta. Me quedé frente a las ventanas de piso a techo e