AMELIA
Desperté enredada entre sábanas que olían a arrepentimiento y a algo más dulce que me negaba a nombrar. La luz del sol entraba a raudales por las persianas que olvidé cerrar, bañando la habitación en tonos dorados y cálidos, como si nada hubiera pasado. Pero mis labios aún hormigueaban por el beso de Ethan, y cada vez que me movía, el dolor entre mis piernas me recordaba lo cerca que estuve de dejarlo entrar.
Me quedé mirando el techo durante veinte minutos, reviviendo todo. El trueno. S