Capítulo 2

Mire mi reloj, faltaban exactamente cinco minutos para que aquella criada trajera mi desayuno, camine hasta la ventana y comencé a mirar el paisaje.

Aquella criada había llegado aquí hace un año, desde la primera vez que la vi quise estamparla contra la mesa y follarla.

Se llamaba Melissa, desde que esta llego a la mansión se ha encargado de traerme el desayuno y demás cosas.

Como cada mañana entro a la habitación con mi desayuno.

—Buenos días, señor. —La admiré de arriba de abajo, era bajita, aproximadamente de un metro cincuenta, sus labios eran carnosos y rosados, deseaba morderlos... sus ojos azules estaban enmarcados por unas bastas pestañas, su piel, era blanca... completamente pálida, deseaba fervientemente dejar marcas sobre esta, su cabello rubio era como el oro, le llegaba hasta los hombros enmarcando su cuello, deseaba colocar una correa sobre este y pasearla por toda la mansión, presumir que era mía, amaba esa aura angelical que tenía, quería corromperá.

Melissa comenzó a servir el desayuno, me senté rápidamente, está como siempre se colocó a mi lado mientras comía.

—Melissa. —La llamé.

—¿Si? Señor.

—Siéntate. —Esta obedeció mi orden de inmediato, dejé mi tenedor a un lado y comencé a mirarla, disfrutaba ver como reaccionaba.

—¿Cómo te encuentras el día de hoy? —pregunte, siempre lo hacía, por alguna razón que no entendía, deseaba saber de ella.

—Bien, señor. —contestó mecánicamente como siempre, respire profundo, me excitaba escucharla, decirme, señor, me hacía querer subir su falda y penetrarla fuertemente.

Mientras comía, analizaba cada una de sus reacciones, podía ver como pasaba saliva nerviosa cada tanto, me encantaba ver como se retorcía en la silla... después de media hora estaba había terminado mi desayuno, salí rápidamente de la habitación, estaba bastante ocupado.

Al entrar en mi oficina me quité la chaqueta y me senté y comencé a revisar el papeleo, apreté mi mandíbula enojada, aún no habíamos podido localizar el escondite de los rebeldes, esas malditas ratas eran un dolor de culo, necesitaba eliminarlos a todos.

—Frederick. —grité, minutos después entro el susodicho.

—¿Si? Líder. —dijo mirando al frente, evitando mi mirada.

—Te doy una semana, una m*****a semana para encontrar a esas sucias ratas, si no, será tu cabeza la que cuelgue en frente de la mansión. —dije irritado, estaba cansado de esos malditos, Frederick me miro nervioso y asintió.

Le hice una seña para que saliera de la oficina, inmediatamente lo hizo, seguí revisando los papeles; sin embargo, no podía concentrarme del todo, me molestaba bastante que uno de esos malditos estuviera debajo de mis narices...

Los días siguieron pasando, aún no lograba averiguar quién era la persona infiltrada en la mansión.

Salí de mi oficina en busca de Frederick, lo encontré en la concina coqueteando con una de las criadas, saqué mi arma.

—Te doy 10 segundos para que salgas de esta habitación, si no tú también te llevaras una bala. —le dije a la criada, está salió asustada, sin bajar mi arma hablé.

—¿Y bien? ¿Ya has encontrado lo que te pedí? —vi como Frederick comenzaba a temblar.

—Líder. —susurro, mi paciencia se estaba agotando.

—Te hice una m*****a pregunta, ¿lo has encontrado o no? —Este asintió, baje mi arma.

—¿Y por qué m****a no me lo habías informado? —pregunté.

—Yo planeaba decírselo en contados minutos. —Suspiré, todos eran unos incompetentes.

—Sígueme. —Este acato mi ordené y me siguió.

Al entrar en la oficina me senté y esperé a que este comenzara a hablar.

—Su base no está muy lejos, señor, tenemos información de que el sábado tendrán una reunión. —Sonreí por fin tendrá información, aunque solo era una parte de esa organización, desmantelar una de sus partes era un gran paso.

—Prepara las tropas. —Frederick asistió y salió de la habitación.

Necesitaba relajarme, salí de la habitación en busca de aquella criada, la encontré unos minutos después limpiando la sala.

Me senté en uno de los sillones cercanos y comencé a mirarla, esta se movía concentrada en su quehacer, aún no había notado mi presencia, podía ver como unas gotas de sudor caían por su frente, estaba completamente colorada, no pude evitar pensar como sería su expresión cuando me la follara.

Segundos después salió de la habitación sin siquiera mirarme, suspire descontento, tenía miles de mujeres a mis pies, ¿por qué a Melissa parecía no importarle?

En estos momentos me encontraba en el punto de reunión, aquí estaba esperando a que trajeran a los traidores, por fin después de una larga espera podría ver su sangre correr.

Estaba limpiando mi arma, cuando los vi llegar, caminé al frente, los guardias se encargaron de colocar a los traidores frente mi.

—¡Vaya, vaya, pero miren que tenemos aquí! —dije cuando todos estuvieron acomodados.

—¡Suéltanos ya! ¡Maldito loco! —dijo alguien interrumpiéndome, saque mi arma y le dispare,

—¿Alguien más quiere interrumpirme? —dije tranquilo, el silencio reino,

hice una seña para que le quitaran el costal su cabeza a mis víctimas, quería ver sus rostros antes de morir, dispare nuevamente.

Después de matar a unas cuantas personas me detuve en frente de una persona que parecía ser una mujer.

—Quítenle eso. —Estaba curioso por ver el rostro de aquella chica, en cuanto quitaron el costal quede enormemente sorprendido, tenía que ser sincero, nunca había pensado que la rata era ella.

—Pero miren a quien tenemos aquí... así que tú eras la rata. —dije, la vi encogerse de hombros, asustada, verla arrodillada frente a mí me provocaba, saque mi arma y la coloque en su frente.

La mire de arriba a abajo, algo me detenía de apretar el gatillo, vi como temblaba y cerrar los ojos, mire sus labios, desee besarlos, fue entonces cuando una idea paso por mi mente.

—Matarte ahora sería un desperdicio. —dije, por fin haría lo que había deseado desde hace un año... me la follaría hasta el cansancio. -llévenla a mi auto- ordené, y estos me obedecieron.

Comencé a disparar sin importarme, ahora tenía algo mucho mejor que hacer, después de media hora, había aniquilado a todas esas ratas.

Fui rápidamente al auto, donde una muy desesperada Melissa me esperaba, entre rápidamente el auto, le apunté con mi pistola, la vi tragar saliva.

Rápidamente, se calló y dejo de moverse, comencé a manejar directo a la mansión.

Al llegar la tome rápidamente del brazo y la baje, la lleve a rastras a mi habitación.

La tumbé en la cama, esta me miraba asustada.

—¿Me va a violar? —Negué, Jamás haría eso.

—No me atrevería, solo voy a esperar a que me pidas que te folle. —Melissa me miro asustada.

—Jamás voy a hacer eso. —dijo, sonreí arrogante.

Claro que lo iba a hacer, solamente era cuestión de tiempo.

—¿Qué piensa hacer conmigo? —pregunto y me encogí de hombros.

—Por el momento nada, solamente te quedarás aquí encerrada... y me darás información de los rebeldes.

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