2 de diciembre. Mediodía.
Breckenridge.
Killiam Draven
Observo cómo el vapor le roza las mejillas y noto el temblor suave de su respiración. No está bien, pero está siendo honesta conmigo por primera vez desde que me dio esos papeles.
Eso me conforma de una manera rara.
—No quiero que pienses, Killiam —dice ella con la mirada fija en el horizonte— que este lugar… —hace un gesto leve hacia el mirador— o que lo que viví aquí, tienen comparación con lo nuestro. Sé que me estoy repitiendo, pero no