28.

Hariadne abrió los ojos, naturalmente sus pequeñas siestas en brazos de otros no pasaban más de cinco minutos, por lo que pronto buscó los brazos de su madre y, luego de eso, quiso que la dejaran en el suelo.

Kate vio a su pequeña hija caminar hacia los juguetes nuevos que Colton había dejado en el piso, su mirada parecía especialmente concentrada en el conejo de felpa igual a su mismo tamaño y con enormes y largas rejas blancas y

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