82.
— Mi amor, ya estoy de vuelta — susurró acariciando su mejilla aparentemente inerte.
La tomó en brazos con suma delicadeza, acunándola contra su pecho. Rebecca reposaba cual muñeca de cristal, sin brindar indicios de vida salvo su mera complexión.
Michael la depositó frente al tocador, sentándola sobre un cojín de terciopelo. Encadenó una melodía nostálgica en el gramófono, tarareando a media voz las viejas canciones.
— Es hora de arreglarte para la velada, preciosa — murmuró extasiado.
Tom