Jax no firmó los papeles.
Simplemente miró el grueso contrato sobre el escritorio durante un largo momento y luego levantó la vista hacia Lila y su padre.
—No.
La única palabra cayó en la habitación como un disparo.
—¿Disculpa? —la sonrisa de Lila finalmente se quebró.
—Dije que no. —Su voz era firme, aunque el pulso le rugía en los oídos—. No voy a firmar nada, ni a casarme contigo, ni a alejarme de él.
El rostro de su padre se oscureció.
—Estás cometiendo un error del que no podrás arrepentir