El mundo de Ethan se hizo añicos en el instante en que le arrancaron la venda de los ojos.Jax estaba sobre él, con el pecho agitado y el sudor brillando sobre su piel tatuada. Su polla seguía enterrada profundamente dentro del cuerpo de Ethan, gruesa y palpitante. La expresión en el rostro de su compañero de cuarto era puro caos: furia, shock y algo mucho más oscuro que hizo que el estómago de Ethan se contrajera.—Jax… —Su voz se quebró.—Cállate la puta boca —gruñó Jax, con voz baja y venenosa. Embistió con fuerza hacia adelante, arrancándole un gemido ahogado a Ethan—. Ya has dicho suficiente esta noche.Ethan intentó retroceder, pero las fuertes manos de Jax le inmovilizaron las muñecas contra el colchón por encima de su cabeza. El movimiento solo hundió a Jax más profundo, sacando otro gemido indefenso de su garganta. Su cuerpo aún temblaba por las réplicas del orgasmo, hipersensible y completamente lleno.—No sabía que eras tú —jadeó Ethan, con lágrimas quemándole los ojos—. Lo
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