68. Le devolvería el auto
Marisol López
La noche anterior había sido linda. Ciro, Karla y Sara se esmeraron en que me sintiera especial. Cenamos en un restaurante bonito de Distrito V, brindamos con vino y reímos como si el mundo no estuviera patas arriba. Aún podía sentir el aroma de la flor que Karla había puesto en mi cabello y la risa de Sara resonando en mi cabeza. Me sentía querida. Agradecida. Y, sin embargo… no completa.
Mis padres me habían enviado un enorme oso de peluche con un corazón bordado entre las patas