Sus besos se vuelven más urgentes, más profundos, como si cada uno quisiera compensar el tiempo perdido, los silencios acumulados, las palabras no dichas. Ava se rinde en los brazos de Hector como quien se entrega a una tormenta: sabiendo que será arrastrada, pero sin ganas de resistirse.
Las manos de él recorren su cuerpo con la precisión de quien ya lo ha imaginado incontables veces. La tocan con firmeza, como si cada curva fuera un camino que llevaba tiempo queriendo trazar. Sus dedos se des