En cuanto llega al comedor, Ava casi no tiene tiempo de respirar. Pues ya es recibida directamente con una pregunta:
—¿Dónde está Hector? —preguntan sus padres al unísono, al verla aparecer con una expresión visiblemente desconcertada.
Ella intenta disimular. Endereza los hombros, pasa las manos suavemente por el cabello y busca recuperar la compostura. Pero sabía que aún había rastros de lo que casi había pasado minutos atrás. El calor en la piel, el leve rubor en las mejillas y la forma en qu