Las horas pasan y la madrugada queda atrás, dando lugar a los primeros rayos de sol que golpean las ventanas. Y nada de que Ava aparezca.
Por fuera, Hector parecía tranquilo. Se despertó, bajó, desayunó en silencio, como si todo estuviera normal. Ni mencionó su nombre, ni hizo ningún tipo de pregunta. Nada.
A lo lejos, Doris observaba en silencio. Le pareció extraño, claro. Pero prefirió no abrir la boca. Lo conocía lo suficiente como para saber que, con él, una palabra fuera de tiempo podía tr