Cada palabra que sale de la boca de Hector deja a James más confundido.
La postura firme, la mirada tranquila, el tono de voz seguro… todo en él hace parecer que se siente dueño de la situación. Por otro lado, James siente el pecho apretarse; la respiración se acelera. Un peso cae sobre sus hombros a medida que se da cuenta: fue visto.
Alguien estaba allí. Alguien lo vio.
Retrocede medio paso, como si quisiera escapar de la presión creciente.
—¿Qué quieres, Hector Moreau? —pregunta con la voz d